domingo, 3 de octubre de 2010

Se acabó el veranillo de San Miguel


Ahora sí que sí, el verano terminó y con él también las vacaciones (¡qué hay que ver que cada vez se hacen más cortas!). El balcón curiosamente se ha teñido de gris y este domingo está siendo más bien triste. Será porque mañana volvemos a trabajar y porque los días pasados han sido maravillosos...

París ha sido nuestro destino este año y en cinco días de ensueño hemos conocido la ciudad de la luz. Entre croques y crepes hemos pateado por Monmatre, Sacre Coeur, la Torre Eiffel, la curiosa Rue Pigalle y la increíble Monfetard. Las terrazas, el barco por el Sena, las vistas de Notre Dame, en definitiva han sido unos días de descanso y disfrute increíbles.

La vuelta como siempre se hace dura, pero traigo ilusiones renovadas y muchas ganas de hacer cosas. Comienzan mis clases en derecho, un curso en la cámara de comercio y mis pinitos con los idiomas.

Mañana lunes es la "vuelta al cole" esperemos que se nos dé bien.

martes, 14 de septiembre de 2010

La cocina del balcón (Pollo my way)

Vuelve la cocina al balcón. Para la receta de hoy necesitas dos pechugas de pollo fileteadas, una cebolla, un brik pequeño de nata y un vaso de vino blanco.

Si ya te aburres de hacer las pechugas a la plancha, prueba a darles un poco de gracia con la siguiente receta.

Para comenzar, frie las pechugas con normalidad, es decir, con unas gotas de aceite, sal y pimienta. Apartalas. En la misma sartén con un poco más de aceite pochamos la cebolla con sal, cuando esté transparente le añadimos el vino blanco, dejamos cocer siete minutos, apagamos el fuego sin retirar la sartén añadimos la nata y removemos durante tres minutos.

En una fuente apta para el horno colocamos las pechugas, vertemos la salsa de nata, vino y cebolla por encima del pollo y metemos la fuente en un horno previamente precalentado a 200 grados, horneamos de siete a diez minutos y ya está listo para servir.

Acompaña esta receta con un poco de arroz hervido o unas patatas fritas.

PD. Esta receta es también factible con merluza, que en lugar de freír, hornearemos durante 15 minutos antes de verter la salsa.

sábado, 4 de septiembre de 2010

viernes, 3 de septiembre de 2010

De cómo se casó mi amiga Margarita

Fuera del balcón, a más de 400 kilómetros de aquí, decidió casarse mi amiga de la facultad. ¡Qué digo mi amiga! Ella es la amiga, la única de mis años de universidad. Aunque, bien es cierto que no hemos pasado demasiado tiempo juntas, el poco que sí hemos compartido ha hecho que (creo que por parte de las dos) nos guardemos un cariño muy especial.

Un afecto que en el día de su boda se ha multiplicado por mil. Su historia (de amor) es digna de un libro de Moccia y lo mejor es, sin dudarlo, que acaba muy bien. Si bien es cierto, que este no es el lugar para desvelar su vida, no quería dejar de dedicarle un post a su gran día.

Un día en el que tuve la suerte de vivir con ella y en el que además, fui durante un minuto protagonista (je,je). Todo fue por culpa de una flor, una rosa blanca como la propia novia.

Una vez terminamos la estupenda comida, Margarita y Pablo se levantaron, cargado él con unas cuantas rosas blancas, que ella se encargó de repartir entre los asistentes. Cuando comenzaron debo reconocer que me puse algo nerviosa, porque pensé ¿me tocará a mi?

Pues sí, me regaló una de sus rosas y fue algo que me emocionó enormemente. Pablo le explicó a Miguel lo que la flor significaba y creo que pronto nos pondremos manos a la obra...

Hasta entonces, agradecerle a ella una boda tan especial. ¡Estabas preciosa!

PD. Muy pronto volverá la cocina del balcón.

martes, 17 de agosto de 2010

Recuerdos del balcón

La niña estaba asomada al balcón mientras su abuela terminaba de recoger la casa. Era temprano en una mañana de verano madrileña, por lo que el frescor matutino aún aliviaba el calor que vendría después. Al grito de su abuela, la pequeña salió escopetada, era el momento de salir a comprar. Ir al mercado de Chamberí y alrededores no es como ir a otros mercados, es una experiencia única. La gente se conoce, los dependientes llaman a los clientes por su nombre, mientras les ofrecen su mejor género. Ese espíritu de barrio que en muchos lugares de Madrid ya se lo ha comido el asfalto, la impersonalidad de sus gentes y algún que otro gran centro comercial.

En la calle Ponzano, antes de alcanzar el mercado y, por aquel entonces, muy pegada a La Violeta, se encuentra la primera parada de la abuela y la nieta. Una carnicería, que abrió allá por 1930, en vísperas de la II República y poco antes de nacer la abuelita. Entrar en el establecimiento es respirar el aroma de un buen jamón, un queso de impresión y una carne de primera. La pequeña solo hace que mirar hacía una pequeña rampa que va desde el mostrador hasta su altura, ella bien sabe que por ahí, el dueño, Manolo le lanzará los ansiados sugus.

De aquello han pasado algo más de 20 años y no hace mucho la pequeña ha vuelto a comprar en la carnicería López, hoy reformada, sin rampa, pero sí con caramelos. ¡Qué recuerdos! Manolo sigue con la carne y Juanjo, su hijo, es salchichero. Ambos derrochan simpatía y buen hacer en uno de los barrios más castizos de Madrid.

Los de ahora no son sugus, sino caramelos blandos para que ninguno se ahogue. Debo reconocer que me supieron a gloria y me hicieron retroceder 20 años atrás, donde era una niña cargada de sueños e ilusiones. Esa es la clave, es hora de seguir soñando, de tener ilusiones y expectativas, porque aunque con 20 años más sigo teniendo dentro a esa niña a la que le gusta ir a comprar al mercado.

PD. Por cierto, La Violeta desapareció, una lástima porque los caramelos eran increíbles por no hablar de los dulces...