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lunes, 16 de abril de 2012

La cocina del balcón (Brownie de chocolate)

El viernes que estaba librando me dí cuenta de que cuando me siento mal o hay algo que me preocupa me da por cocinar. Empecé con una paella, después hice una ensaladilla rusa y acabe con unos ricos boquerones fritos (les quité hasta la espina). Es tremendo lo mío...

Realizada esta introducción paso a comentaros la receta de hoy, que también surgió en uno de esos días. Mientras realizaba uno de mis paseos por la bloggosfera me encontré con esta rica de brownie de Eva Arguiñano.

¿Qué necesitamos?


150 gramos de chocolate negro fácil de derretir
200 gramos de mantequilla
200 gramos de azúcar
80 gramos de harina
4 huevos
Un puñado de nueces


¿Cómo lo preparamos?

En un bol batimos los huevos con el azúcar, mientras en el microondas derretimos el chocolate y la mantequilla., con cuidado de que no se queme. Lo pondremos a baja potencia e iremos removiendo.



Después incorporamos a los huevos el chocolate y mezclamos bien. En un recipiente pequeños mezclamos las nueces con la harina y esta se la incorporamos al resto, hasta obtener una mezcla homogénea y sin grumos.



Podremos la mezcla en un recipiente apto para horno y hornearemos durante 40 minutos a 180º. Dejaremos enfriar nuestro brownie en el horno para que no se cuartee.



martes, 17 de agosto de 2010

Recuerdos del balcón

La niña estaba asomada al balcón mientras su abuela terminaba de recoger la casa. Era temprano en una mañana de verano madrileña, por lo que el frescor matutino aún aliviaba el calor que vendría después. Al grito de su abuela, la pequeña salió escopetada, era el momento de salir a comprar. Ir al mercado de Chamberí y alrededores no es como ir a otros mercados, es una experiencia única. La gente se conoce, los dependientes llaman a los clientes por su nombre, mientras les ofrecen su mejor género. Ese espíritu de barrio que en muchos lugares de Madrid ya se lo ha comido el asfalto, la impersonalidad de sus gentes y algún que otro gran centro comercial.

En la calle Ponzano, antes de alcanzar el mercado y, por aquel entonces, muy pegada a La Violeta, se encuentra la primera parada de la abuela y la nieta. Una carnicería, que abrió allá por 1930, en vísperas de la II República y poco antes de nacer la abuelita. Entrar en el establecimiento es respirar el aroma de un buen jamón, un queso de impresión y una carne de primera. La pequeña solo hace que mirar hacía una pequeña rampa que va desde el mostrador hasta su altura, ella bien sabe que por ahí, el dueño, Manolo le lanzará los ansiados sugus.

De aquello han pasado algo más de 20 años y no hace mucho la pequeña ha vuelto a comprar en la carnicería López, hoy reformada, sin rampa, pero sí con caramelos. ¡Qué recuerdos! Manolo sigue con la carne y Juanjo, su hijo, es salchichero. Ambos derrochan simpatía y buen hacer en uno de los barrios más castizos de Madrid.

Los de ahora no son sugus, sino caramelos blandos para que ninguno se ahogue. Debo reconocer que me supieron a gloria y me hicieron retroceder 20 años atrás, donde era una niña cargada de sueños e ilusiones. Esa es la clave, es hora de seguir soñando, de tener ilusiones y expectativas, porque aunque con 20 años más sigo teniendo dentro a esa niña a la que le gusta ir a comprar al mercado.

PD. Por cierto, La Violeta desapareció, una lástima porque los caramelos eran increíbles por no hablar de los dulces...

miércoles, 19 de mayo de 2010

Inauguración del balcón...

Me alegra mucho inaugurar en este día un espacio como este que servirá de vía de escape para mis inquietudes. Hoy desde mi balcón luce un sol radiante, hay un montón de gente paseando -con y sin perritos. Al mío le queda una semana para lucir palmito en la calle-. Hace unas horas ha pasado una chica que caminaba sola y lucía una sonrisa especial, miró hacia el balcón con una mirada radiante. Me he enterado de que la razón de tanta alegría era porque hoy es su cumpleaños, esa chica cumple este 19 de mayo 25 años. Al poco ha traspasado el portal y ha subido hasta este balcón, porque esa chica soy yo.

Casi todas las felicitaciones que he recibido coinciden en que mi edad es fantástica, la flor de la vida, el momento de comerte el mundo y, sin dudarlo, creo que tienen razón. Tengo ganas de hacer muchas cosas, aunque muchas veces me pueda la ansiedad de la falta de tiempo, porque pasa muy deprisa y no siempre sigo su ritmo.

Una de esas cosas que estaban pendientes era la creación de este balcón y creo que un cuarto de siglo merece su inauguración. En 25 años, aunque para muchos sean muy pocos, me ha dado tiempo a hacer muchas cosas y una de ellas es trasladar mi residencia a Chamberí, dónde tengo un balcón al que cada día asomarme como hacía con mi abuela cuando era pequeña.

A ella le dedico este espacio y a todos vosotros os espero desde el balcón.